Hoy, soy mi verdad

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Hoy, soy mi verdad.

Acepto y asumo la honestidad de lo que siento, y aúno emoción, pensamiento y acción.

La franqueza me sirve de asidero para potenciar mi fortaleza, y desde ahí decido si ese amigo que antepone el dinero a nuestra amistad sigue siendo amigo o es una relación mantenida por el interés.
Asumo la verdad de mi enfermedad o estado emocional. Desecho la moda que culpabiliza y aparta el malestar físico o mental y lo asocia a un mal funcionamiento de un supuesto mecanismo que sólo acepta una alegría frívola y vacía y una salud perenne imposible. Acepto que soy un ser que atraviesa etapas dolorosas, duras, tristes y que enmascarar ese dolor tras una sonrisa sólo dificulta el proceso.

No oculto mi serenidad ni plenitud. Ni tampoco mi felicidad cuando la siento. Pero no utilizo una máscara de satisfacción en la que parapetar mi verdadera condición en este preciso instante.

Me nutro y envuelvo de la sinceridad que me coloca en el lugar que me corresponde vivir en este momento. Esa honradez me hace invencible, porque no hay nada que perder.

Hoy, soy mi verdad. Esa verdad me libera de lugares comunes, de pensamientos adoptados, de posturas de conveniencia.

Soy la nube oscura, el día límpido o la ciudad contaminada.

Soy cada vez más yo. Más sabio, más fuerte, más honesto y más libre. No hay miedo, porque no hay nada que perder.

Hoy, soy mi verdad.

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