¿Grita?

  • Grita, es mejor que te desahogues.
  •  Es que tengo que insultar, si no, se me queda dentro la rabia y vete a saber por dónde sale luego.
  • Todo lo que le pasa es porque se calla los enfados. Eso le ha provocado esta enfermedad, estoy seguro.

¿De dónde viene esa idea de que las emociones son fuerzas internas que permanecen en una especie de sistema estanco que puede estallar? Y que es positivo desfogar nuestra ira, insultar, gritar. Parece que nos hace personas honestas  con nosotros mismos y con los demás. Que hacemos un favor a nuestra salud y a la sociedad expresando cualquier pensamiento o sentimiento, aunque éste provenga de una mirada distorsionada de la realidad. Que dejando que fluya el torrente rabioso, evitamos una explosión nefasta.

Seligman, en su libro “La auténtica felicidad” nos lo explica.

“Otra teoría ampliamente arraigada – que ahora se ha convertido en dogma y que también aprisiona a las personas en un pasado amargo- es la de la hidráulica de la emoción,  que fue desarrollada por Freud y se introdujo, sin un cuestionamiento serio y exhaustivo, tanto en la cultura popular como en el mundo académico. De hecho, la hidráulica emocional es sinónimo de “psicodinámica”, término general utilizado para describir las teorías de Freud y de sus seguidores. Dentro de esa perspectiva, las emociones son consideradas fuerzas internas de un sistema cerrado por una membrana impermeable, como si se tratara de un globo. Si el individuo no se permite expresar una emoción, ésta acabará emergiendo en algún momento, generalmente como síntoma no deseado.”

Pues bien, ahora sabemos que no nos hacemos ningún favor a nosotros ni a la sociedad descargando nuestra ira.

Hoy se sabe que poner la atención en nuestra cólera y en lo que la provoca, aumenta los riesgos cardiovasculares y el nivel de enfado.

En un estudio con 255 estudiantes de medicina, se supo que al cabo de 25 años, los más coléricos sufrían alrededor de cinco veces más cardiopatías que los que eran más tranquilos. En otro estudio, se determinó que los hombres con voces más agresivas, los que se irritaban con más frecuencia cuando tenían que esperar y los que mostraban más su ira, eran los que tenían más riesgo de padecer un infarto de miocardio.

Otros estudios experimentales muestran cómo en los estudiantes que reprimen su enfado disminuye su presión sanguínea y cómo aumenta si lo expresan.  Por supuesto, esto ocurre en hombres y mujeres.

Si se responde de una forma amable, la presión vuelve a bajar.

Las personas tenemos unos rangos fijos en nuestro estado de ánimo.

Se ha observado que si omitimos respuestas emocionales, volvemos sin mayor problema a nuestro rango fijo particular. Por el contrario, si verbalizamos todas nuestras molestias, potenciamos sus efectos negativos en nosotros y en los demás, creando una especie de círculo vicioso que nos alcanza y aprisiona.

Digo a nosotros y a los demás, porque se sabe que en las personas que presencian arrebatos de ira aumentan también los niveles de presión arterial y su organismo segrega cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés.

¿De verdad que prefieres descargar tu rabia, ira, cólera o enfado? Te invito a lo que, certeramente, propone la sabiduría popular: Cuenta hasta diez.

O hasta cien. O hasta mil. O céntrate en tu respiración. O sonríe.  O piensa en los demás.

Buenos y serenos días a todos.

Pin It on Pinterest