Sobre la pérdida y el duelo

En dos ocasiones de mi vida, sentí que había llegado mi final.
La primera, siendo una adolescente. Volaba en un globo aerostático con mi padre y fuimos absorbidos por unas nubes tormentosas que imposibilitaban el descenso. Pensé:
– Es ahora.
Y sentí que una inmensa paz me envolvía.
La segunda vez fue en un accidente automovilístico. Me embistió lateralmente un camión y di tres vueltas de campana para terminar chocando frontalmente. Mi único pensamiento de pesar fue el que no me había podido despedir de mi hijo y que se quedaría solo en el patio del colegio esperando a que le fuese a buscar.

Tengo claro que estoy de paso. No tengo ningún miedo a morir, simplemente vértigo ante lo desconocido. A veces mucho vértigo, lo reconozco.

Procuro no dejar temas pendientes con personas. Doy siempre las gracias y pido perdón cuando considero que me he equivocado. Tengo en orden los papeles para no ocasionar problemas. No me gustaría dejar un vacío imposible de llenar.

Me desconcierta cuando leo que alguien siente injusticia o sorpresa por la muerte de fulanito o de menganita. La vida no es justa ni injusta, su cualidad inamovible es que es temporal y es imprescindible saber que desde el momento en el que naces, tu muerte es cuestión solo de tiempo.

Siento compasión (no pena, compasión, que es acompañar en la pasión o sentimiento) por las personas que sufren antes de fallecer. Ese padecimiento, tanto físico o emocional, me conmueve hasta el alma. Así como el dolor de las personas que sienten la pérdida de seres amados. Su hueco, su ausencia. Ese desconsuelo es devastador. Es irremediable la inmensa tristeza, la sensación del tremendo absurdo que significa que el mundo sigue igual pero todo ha cambiado y parece que ya nada tiene sentido.
Pero es posible deshacerse de la rabia, de la frustración, del sentimiento de injusticia.

Estamos desconectados de la muerte hasta tal punto que nos sorprende cuando alguien se va.

Saber que somos finitos nos ofrece la posibilidad de dimensionar con realismo la vida.

La alegría está inevitablemente ligada a la muerte y viceversa.

Podemos traspasar el miedo contactando con lo realmente importante. Encontrando un sentido trascendente.

Si alguien querido fallece, es bueno pensar que el dolor es nuestro, y que es inútil (aunque inevitable a veces) pensar en lo que se ha perdido al partir. Es inútil porque no tenemos la certeza de que realmente hubiese podido disfrutarlo, quizá hubiese estado condenado a padecimientos insoportables. O quizá no había otra opción más que morir, aunque la circunstancia parezca casual.

Dicen los budistas que cada uno tenemos un segundo concreto para morir. Conecto con esta creencia.

Hay una frase que también me parece muy inspiradora (disculpad, no recuerdo a su autor): Aquel que muera hoy, no tendrá que morir mañana.
Y así es.

Si estás en proceso de duelo, hay cosas que puedes hacer como llorar y permitirte expresar tu dolor. Hablar de la persona que has perdido todo lo que necesites.
Puedes escribir una carta narrando todo aquello que sientes, aunque no te parezca apropiado. Y terminar la misiva agradeciendo a esa persona todo lo que te ha aportado.

Puedes contribuir en su nombre a una causa que fuese de su interés: Niños, ciencia, solidaridad, ecología, animales…

Si alguien de tu entorno ha perdido a un ser querido, procura evitar frases como: La vida sigue; tienes que distraerte; no pienses en ello; es mejor hablar de otra cosa; venga, píntate un poco y que no te vean llorar, etc.

Hay que atravesar el dolor. Darse el tiempo que cada uno necesite. Y no exigir al otro que esté bien, que se anime o disimule cuando algo se ha roto por dentro.
A veces es nuestro propio miedo el que nos hace sentir incómodos cuando vemos a otro sufrir y por eso no permitimos que lo exprese.

La realidad es que, en algún momento tras la pérdida, aunque pase mucho tiempo, se volverá a estar bien. Pero no igual.

En definitiva eso es la vida. Cambiante, dura, difícil, hermosísima y finita.

Y en mi caso, tengo la seguridad de que es un viaje, no una extinción.

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