Quién soy y por qué hago lo que hago


El otro día, en una entrevista de radio con motivo de la publicación de mi nuevo libro, me di cuenta de algo.La locutora resaltó algo que para mí es obvio pero que no lo es para los demás.
Me dijo que, lo que más chocante le había resultado al recopilar información sobre mí y consultar mi web, era que había empezado a estudiar y a investigar sobre la alegría cuando era adolescente.

Es verdad que mucha gente piensa de mí que, al escasear el trabajo como actriz y como humorista, me reinventé haciendo algún taller de formación y convirtiéndome en coach. No tendría nada de particular, he conocido a muchos compañeros que lo han hecho así y es muy loable.


Pero no es mi caso.

Pasé una infancia muy dura y había dos fuerzas que operaban en mí con mucha intensidad: por un lado la del dolor y la tristeza, recibida de forma externa y, por otro, la alegría profunda, que manaba en mi interior y con la que sentía que estaba íntimamente conectada. Esa alegría se fue hundiendo por el peso de la pena, y llegó un momento en el que ya la reconocía como mía y sentía la alegría como algo lejano y apartado. Desde bien pequeña tuve la certeza de que, o bien conseguía fortalecer y restablecer ese flujo de alegría, o bien perecía. Así, tal cual.


A los quince años comencé a profundizar en lo que las diversas culturas, disciplinas y enfoques utilizaban para mejorar el estado de ánimo y producir cambios que mejorasen la vida de las personas.


Paralelamente a esto tenía que trabajar y salir hacia adelante y de una forma casual, comencé a formarme como bailarina y actriz. A los pocos años conocí a Soledad, y enseguida formamos el dúo Virtudes.La mayoría sabéis que trabajamos muy duro y que conseguimos mucho éxito.Algo que agradezco de corazón a mi compañera, a tanta gente que nos ayudó y a todos vosotros, que nos acogisteis con todo el cariño.


Pero seguía pesando el dolor y los impulsos de vacío eran más fuertes que los de plenitud.


Llegó un momento en el que, de pronto, sentí que el dolor estaba curado y que había conseguido establecer una ruta hacia mi alegría profunda. En ese momento, el compartir se hizo el siguiente paso natural, que di, como siempre de forma aparentemente casual, al impartir un taller sobre alegría que me pidieron desde una asociación para jóvenes con problemas en el año 2.000. En ese mismo año hablé con Sole, mi compañera de dúo y le conté mi necesidad de dedicarme por completo a estas actividades, algo que siempre he sentido más en conexión conmigo. Fue duro para ella y para las dos, porque en esos momentos teníamos gran cantidad de trabajo, pero fue muy comprensiva conmigo, lo que siempre le he agradecido mucho. En ese año, un amigo me llamó “alegróloga” y en ese mismo momento sentí que era mi título favorito.


A los dos años, ya con talleres, estudios y hasta una tienda puesta en marcha, retomamos alguna de las actividades de Virtudes. A mi compañera le gustó mucho lo de alegróloga y lo utilizamos en los espectáculos.


La inteligencia emocional es el crisol en el que se han integrado muchos conocimientos relacionados con el bienestar. Trabajo desde hace muchos años con ellos, aunque decidí formalizar parte de esos conocimientos obteniendo el título de experta universitaria en inteligencia emocional y el de máster internacional en coaching educativo.


Mi fuerte es hacer contactar a las personas con lo mejor de sí mismas y con la alegría. Pero no es porque yo sea muy alegre y haya hecho un par de cursos. Ayer me lo decían: “Da gusto como trasmites alegría en los cursos” Como si mi trabajo consistiera en contagiar un estado de ánimo.


Lo que me permite ponerme frente a una persona y estar segura de lo que hago son muchos años de estudios, experiencia e investigaciones.
En Virtudes muchas veces nos decían que parecía que se nos acababa de ocurrir lo que decíamos. Y eso me pasa a veces a mí. Para que algo resulte fácil, ligero y que funcione, en mi caso hay mucho trabajo y decisiones duras detrás. Hay observación y análisis.


Hace treinta y muchos años las cosas que ahora están de moda no lo estaban. Y me encuentro que otros me dicen algo que han escuchado de alguien que hizo un curso conmigo. O que un amigo recibe de alguien una formación y resulta que el profesor fue mi alumno y utiliza mis métodos. También he diseñado técnicas que posteriormente he descubierto que otros han llegado a utilizar, indudablemente, porque han llegado a las mismas soluciones educativas. Así se demuestra que todos tenemos las mismas necesidades y que se cubren, generalmente, de forma muy parecida.


Tengo el suficiente conocimiento sobre mí misma para no interferir en otros cuando trabajo con ellos. Les puedo “ver” y eso alivia mucho.


Trabajo de alegróloga dando clases de teatro, de inteligencia emocional, escribiendo, creando un programa o interpretando un personaje.

Soy y me expreso a través de lo que hago.


(Fotografía de Álvaro Serrano Sierra)

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