Mujersex

¿Qué podemos hacer para ayudar en el grave problema de la violencia machista? Una cuestión a considerar es la imagen de la mujer que utiliza la sociedad para invitarnos a consumir y la aceptación y adopción de ese rol por parte de todos. Es algo aparentemente inocente y revestido de libre albedrío, pero la realidad es que es que constituye una perversión que ha calado de lleno. El cuerpo de la mujer se utiliza para vender coches, para hacer que una serie se convierta en éxito, para obtener placer. Y se ha asociado irremediablemente al consumo y al dinero. La mayoría de las cantantes de éxito, acompañan sus temas con bailes cargados de erotismo. Las niñas visten de mujeres con minifaldas y camisetas ajustadas. No como disfraz, no, sino como indumentaria diaria. No hay programación infantil y los niños ven programas de televisión en los que la competencia, el sexo banalizado y la crítica destructiva son los únicos asuntos a tratar. Y son el reflejo en el que se miran para la imitación de roles. El conjunto de las mujeres vemos como normal vestir de forma sugerente. Es por sentirnos bien nosotras, se dice, pero la realidad es que es por la falsa sensación de seguridad que te otorga el sentirte deseada. La mujer, en este plano físico, está dentro de su cuerpo. Si en determinadas ocasiones, su cuerpo se convierte en objeto, ¿no es fácil pensar que los objetos se poseen? Son asesinos los que matan. Sólo ellos son culpables de estas crueles muertes. Pero como sociedad, podemos avanzar buscando causas y tomando medidas, y esas medidas empiezan...

Abre los brazos

Sé que estamos en tiempos de consumo rápido. De mensajes directos, cortos, enmarcados a ser posible en una bonita foto que llame la atención y con un mensaje preferentemente crítico o frívolamente positivo.   Mi forma no es esa. Mi modo de expresión no utiliza ese medio. Tengo una finalidad y preservo mi identidad a pesar de los vaivenes de la estética de los recados. Comparto lo que soy a través de los canales que se abren ante mí y me ensancha, que no satisface, la utilidad que algunas personas me dicen que tiene para ellas.   Preservar la identidad es difícil. Sobre todo cuando se anhelan Me Gusta. Cuando se pretende conservar, aunque parezca una contradicción. Porque… aunque nuestra esencia perdure, nuestra manifestación de la personalidad cambia. No somos siempre igual.   Ya no somos lo que fuimos ni lo seremos. Esa niña alegre y confiada; aquel empresario de éxito; un adolescente atractivo y rebelde; la mujer segura con todos los requisitos sociales cumplidos. Esa encargada sana con un puesto de responsabilidad. Esa otra actriz de moda a la que todos los directores de cásting llamaban. Ese hombre inseguro. Aquel chico solo y sin pareja, el “suelto” como le llamaban los amigos. Ese otro joven al que le intimidaban los niños que pertenecían a una familia unida y amorosa porque se sentía inferior a ellos. La persona llena de un miedo y angustia inclasificable, con una querencia hacia la “no vida” más grande que a la Vida.   Ya no somos esas personas ni falta que hace.   Ser los mismos, o más que ser, estar en la...

Quejarse de vicio

    – No me apetece hablar con Dionisio, siempre se está quejando. – Ya, la verdad es que el pobre no sale de ahí. Que si su suegra está todo el día amargándole la vida, que si en la tienda sólo entran personas maleducadas que le inoportunan… – Oye, ¿yo soy quejica? – ¿Tú?-  Clara sonrió – Bueno, más que quejarte, protestas – ¿Y yo?-Francisco meditó unos instantes la respuesta. Se rascó la cabeza y sacó la lengua. – Eres la persona más reivindicativa que conozco. – ¿En qué consistirá la diferencia?- Mientras lo decía, Clara sacó su teléfono gigante y tecleó en Google la pregunta. Un “clo, clo, clo” divertido sonó al pulsar la pantalla táctil- Mira, aquí dice: “Quejar es manifestar el resentimiento o disgusto que se tiene por la actuación o el comportamiento de alguien”. Y la definición de protestar es “Declarar o proclamar un propósito” – O sea, que según esas definiciones, una queja sería relativo a una molestia que nos ocasiona otra persona y una reclamación, protesta o reivindicación, la expresión de una situación que nos parece injusta, venga de donde venga. – Al hilo de esto, se me ocurre que, quizás también una queja sea aquello que se expone sin que tenga remedio alguno, con el único objeto de llamar la atención sobre un supuesto daño ajeno a nosotros, esperando encontrar un alivio en ese acto… – …Y una reclamación o protesta tiene como finalidad reparar el daño. La queja es pasiva y deja la responsabilidad a otros y… – … La protesta es activa e implica una responsabilidad. –  ¡Jajajajaja!- Ambos...

El mensaje del brillo

Un recuerdo asalta mi mente, y un letargo de siglos me hace creer que esa evocación pertenece a otra persona, de tan lejana. Y me siento anciana. Ancianísima. Soy olivo milenario testigo de muchas vidas. Otras veces, cuando juego con un niño, cuando miro a otra persona y la veo (con los ojos del alma) me siento casi recién nacida. Como si estrenase ilusión y entusiasmo. Como si la inocencia fuese el vestido inmaculado que aguarda en la silla, para recubrirme al levantarme en la mañana. En varias fotos de mi infancia y juventud, un fondo de tristeza en la mirada, me dice del estado de mi espíritu en ese momento.   A veces uno siente que la vida pasa a través de él. Pero si cambias tu estado de atención, mudas de ser un pelele a una conciencia que opera sobre sí misma. Sé que el cuerpo envejece, que las cicatrices perduran, pero en un solo instante puedes descubrir la paz. No importa nada de lo externo. Porque:   La edad no es sinónimo de madurez. El tiempo no es un factor en contra.   Para todos aquellos que se sientan mal, que tengan una triste  perspectiva de lo que les queda de su vida. Para aquellos que se sientan en este momento atrapados o sin salida. A aquellos que les fallen las fuerzas. Para los deprimidos o decaídos. No importa la edad que tengas. No importa el estado de salud en el que te encuentres. Estás en una situación temporal. Estar mejor no sólo es posible, sino que muy probable. Es necesario trabajar. Hay que esforzarse. Observar dónde...

Relacionil

    Esta mañana, me he encontrado con este prospecto sobre el asiento del autobús. ¿Alguno conoce este...

Estas cosas

– Yo no creo en “estas cosas”-. Luisa hizo un gesto levantando los hombros-. Soy muy escéptica-. – Son “cosas” normales-. Contestó su amiga. Hasta ahora, no he conocido a nadie que me haya dicho esta frase y que, al rato de conversar, no me haya contado, emocionado, un suceso de su vida inexplicable, aunque sea algo tan aparentemente sencillo y normal como pensar en alguien a quién no había visto hace tiempo, y encontrarle al abrirle la puerta del ascensor. Podría ser que cuando las personas dicen que no creen en “estas cosas”, en lo que verdaderamente no creen es en la superchería. Y preservan esas sensaciones como parte de su intimidad, porque los ejemplos de las personas que las comparten, dicen más de la ignorancia que de la sabiduría. Pero es común la creencia de que somos más de lo que vemos. Que de hecho, lo tangible es una pequeña, pequeñísima parte de lo que es. Que la Vida alberga tesoros invisibles y accesibles. Maravillas mágicas que sorprenden aunque sea algo casi cotidiano: telepatía; comunicarse con personas que están lejos, tan lejos (o tan cerca) que ya no comparten esta dimensión física que conocemos. Saber aspectos de la existencia de las personas, de su forma de ser; conocerlas sin haberlas visto antes. Saber lo que va a ocurrir y lo que no. Sentir en un momento de éxtasis que somos uno. En comunión. Y que la soledad es una dolorosa ilusión. Que la alegría nace en el interior de todos los seres. Como algo profundo, místico, trascendente, sereno y sencillo a la vez. Como un prado húmedo al sol. Y que nada tiene...

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