El mensaje del brillo

Al teléfono

Un recuerdo asalta mi mente, y un letargo de siglos me hace creer que esa evocación pertenece a otra persona, de tan lejana. Y me siento anciana. Ancianísima. Soy olivo milenario testigo de muchas vidas.

Otras veces, cuando juego con un niño, cuando miro a otra persona y la veo (con los ojos del alma) me siento casi recién nacida. Como si estrenase ilusión y entusiasmo. Como si la inocencia fuese el vestido inmaculado que aguarda en la silla, para recubrirme al levantarme en la mañana.

En varias fotos de mi infancia y juventud, un fondo de tristeza en la mirada, me dice del estado de mi espíritu en ese momento.

 

A veces uno siente que la vida pasa a través de él. Pero si cambias tu estado de atención, mudas de ser un pelele a una conciencia que opera sobre sí misma.

Sé que el cuerpo envejece, que las cicatrices perduran, pero en un solo instante puedes descubrir la paz. No importa nada de lo externo. Porque:

 

La edad no es sinónimo de madurez.

El tiempo no es un factor en contra.

 

Para todos aquellos que se sientan mal, que tengan una triste  perspectiva de lo que les queda de su vida. Para aquellos que se sientan en este momento atrapados o sin salida. A aquellos que les fallen las fuerzas. Para los deprimidos o decaídos.

No importa la edad que tengas. No importa el estado de salud en el que te encuentres.

Estás en una situación temporal. Estar mejor no sólo es posible, sino que muy probable.

Es necesario trabajar. Hay que esforzarse. Observar dónde estás.  Aceptarlo, así como aceptar el miedo al sufrimiento. Tener la valentía de mirar de frente lo que nace en tu interior y buscar el medio para aliviar tu pesar. No temas pedir ayuda, abriéndote a la forma en la que ésta llegue.

 

Busca el mensaje que te dicta el brillo de tus ojos.

Porque tu pesar nos afecta a todos.

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