Tiburcio y Afrodisio están sentados sobre un peñasco contemplando el horizonte. Bueno, más que al horizonte, Tiburcio mira a Cáceres y Afrodisio a Badajoz. El primero vuelve la cabeza y observa de hito en hito al segundo. Los graníticos párpados de éste guardan pliegues de hastío. – Disi, hace tiempo que no dices nada divertido, inteligente, profundo o espiritual. Me gusta cuando hablas de esa forma porque tus palabras resuenan en mi interior. Este eco me indica que esa información ya estaba en mí, luego deduzco que previa e inadvertidamente, he tenido que hacer yo ese razonamiento. Este mágico silogismo me lleva a pensar y a sentir que tu inteligencia, profundidad, creatividad y espiritualidad son mías. Y mi existencia gris brilla y se transforma en una posibilidad insospechadamente apasionante y transcendente. – ¡Qué coñazo, Burci! ¿No ves que estoy dejando de impostar para por fin ser? – ¡Anda, no me había dado cuenta! Perdóname, Disi. Tiburcio vuelve a su habitual gesto aburrido. De pronto, una sonrisa golosinea en su rostro. -¡Oye, oye, oye! ¡Casi se me pasa! Esto que acabas de decir es profundo… – ¡No me jodas, Burci! Afrodisio se levanta y se...

Hoy, soy mortal y efímero.

            Hoy, soy mortal y efímero. Esa mortalidad me cura de obsesiones, de egocentrismos. Ser consciente de mi transitoriedad  me posiciona en el equilibrio. Desde este  lugar, puedo estar sin pretensiones, sin vacuas necesidades, sin obligaciones auto impuestas. Puedo estar, sin hacer. Sólo siendo. Ofreciendo lo que soy sin alardes ni alharacas. Aunque sea entre cuatro paredes, vendiendo cebollas o mirando con atención y cuidado al ser que pasa junto a mí.   Hoy, soy efímero. Celebro esta condición en lugar de olvidarla. Su olvido me invita a consumir, a estar de forma impostada, a la necesidad de convencer. Si me reconozco en este corto vuelo de insecto que es mi vida, acepto volcarme y entregarme en todo aquello que haga y a todo aquel al que me encuentre.   Hoy, soy mortal. El momento de partir llegará en el segundo que me corresponda. Ni antes ni después. Acepto con alegría el tránsito hacia ese momento y los posteriores. Hoy...

Hoy, soy mi verdad

    Hoy, soy mi verdad. Acepto y asumo la honestidad de lo que siento, y aúno emoción, pensamiento y acción. La franqueza me sirve de asidero para potenciar mi fortaleza, y desde ahí decido si ese amigo que antepone el dinero a nuestra amistad sigue siendo amigo o es una relación mantenida por el interés. Asumo la verdad de mi enfermedad o estado emocional. Desecho la moda que culpabiliza y aparta el malestar físico o mental y lo asocia a un mal funcionamiento de un supuesto mecanismo que sólo acepta una alegría frívola y vacía y una salud perenne imposible. Acepto que soy un ser que atraviesa etapas dolorosas, duras, tristes y que enmascarar ese dolor tras una sonrisa sólo dificulta el proceso. No oculto mi serenidad ni plenitud. Ni tampoco mi felicidad cuando la siento. Pero no utilizo una máscara de satisfacción en la que parapetar mi verdadera condición en este preciso instante. Me nutro y envuelvo de la sinceridad que me coloca en el lugar que me corresponde vivir en este momento. Esa honradez me hace invencible, porque no hay nada que perder. Hoy, soy mi verdad. Esa verdad me libera de lugares comunes, de pensamientos adoptados, de posturas de conveniencia. Soy la nube oscura, el día límpido o la ciudad contaminada. Soy cada vez más yo. Más sabio, más fuerte, más honesto y más libre. No hay miedo, porque no hay nada que perder. Hoy, soy mi...

Hoy, me atrevo

Hoy, me atrevo.   Me atrevo a tomar  decisiones que son necesarias para mí  y no me atrevía a atender por recelo a la opinión de los demás, a la escasez económica, a mi propia inseguridad o por temor al vacío. En definitiva, decisiones que no tomaba por miedo. Hoy, me atrevo a dar un paso adelante, aunque a otros les parezca un retroceso. Aunque nadie entienda mi decisión e incluso la interpreten en el sentido contrario. Me revisto del poder de mi espíritu y origino el cambio. Soy consecuente, honesto conmigo mismo y actúo. Hoy, me...

Hoy, soy aceptación

Hoy, soy aceptación. Abandono la lucha entre lo que me gustaría tener y lo que tengo. Entre lo que me gustaría estar haciendo y lo que hago. Entre lo que me gustaría ser y lo que aparento. Me abandono, llena de júbilo y agradecimiento, a lo que soy. Recibo lo que es y está ahora con el convencimiento de que, la aceptación, no supone resignarse a lo que no es justo, honrado, ético ni sano. Abandono la lucha entre los pensamientos aprendidos y los que nacen del ahora. Acepto y observo los sentimientos y emociones que configuran este instante. Y este asentimiento íntimo me colma de fuerza y serenidad. Hoy, soy...

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