Quién soy y por qué hago lo que hago

El otro día, en una entrevista de radio con motivo de la publicación de mi nuevo libro, me di cuenta de algo.La locutora resaltó algo que para mí es obvio pero que no lo es para los demás.Me dijo que, lo que más chocante le había resultado al recopilar información sobre mí y consultar mi web, era que había empezado a estudiar y a investigar sobre la alegría cuando era adolescente. Es verdad que mucha gente piensa de mí que, al escasear el trabajo como actriz y como humorista, me reinventé haciendo algún taller de formación y convirtiéndome en coach. No tendría nada de particular, he conocido a muchos compañeros que lo han hecho así y es muy loable. Pero no es mi caso. Pasé una infancia muy dura y había dos fuerzas que operaban en mí con mucha intensidad: por un lado la del dolor y la tristeza, recibida de forma externa y, por otro, la alegría profunda, que manaba en mi interior y con la que sentía que estaba íntimamente conectada. Esa alegría se fue hundiendo por el peso de la pena, y llegó un momento en el que ya la reconocía como mía y sentía la alegría como algo lejano y apartado. Desde bien pequeña tuve la certeza de que, o bien conseguía fortalecer y restablecer ese flujo de alegría, o bien perecía. Así, tal cual. A los quince años comencé a profundizar en lo que las diversas culturas, disciplinas y enfoques utilizaban para mejorar el estado de ánimo y producir cambios que mejorasen la vida de las personas. Paralelamente a esto tenía que trabajar y...

Sobre la pérdida y el duelo

En dos ocasiones de mi vida, sentí que había llegado mi final.La primera, siendo una adolescente. Volaba en un globo aerostático con mi padre y fuimos absorbidos por unas nubes tormentosas que imposibilitaban el descenso. Pensé:– Es ahora.Y sentí que una inmensa paz me envolvía.La segunda vez fue en un accidente automovilístico. Me embistió lateralmente un camión y di tres vueltas de campana para terminar chocando frontalmente. Mi único pensamiento de pesar fue el que no me había podido despedir de mi hijo y que se quedaría solo en el patio del colegio esperando a que le fuese a buscar. Tengo claro que estoy de paso. No tengo ningún miedo a morir, simplemente vértigo ante lo desconocido. A veces mucho vértigo, lo reconozco. Procuro no dejar temas pendientes con personas. Doy siempre las gracias y pido perdón cuando considero que me he equivocado. Tengo en orden los papeles para no ocasionar problemas. No me gustaría dejar un vacío imposible de llenar. Me desconcierta cuando leo que alguien siente injusticia o sorpresa por la muerte de fulanito o de menganita. La vida no es justa ni injusta, su cualidad inamovible es que es temporal y es imprescindible saber que desde el momento en el que naces, tu muerte es cuestión solo de tiempo. Siento compasión (no pena, compasión, que es acompañar en la pasión o sentimiento) por las personas que sufren antes de fallecer. Ese padecimiento, tanto físico o emocional, me conmueve hasta el alma. Así como el dolor de las personas que sienten la pérdida de seres amados. Su hueco, su ausencia. Ese desconsuelo es devastador. Es irremediable la...

...

¿Grita?

Grita, es mejor que te desahogues. Es que tengo que insultar, si no, se me queda dentro la rabia y vete a saber por dónde sale luego. Todo lo que le pasa es porque se calla los enfados. Eso le ha provocado esta enfermedad, estoy seguro. ¿De dónde viene esa idea de que las emociones son fuerzas internas que permanecen en una especie de sistema estanco que puede estallar? Y que es positivo desfogar nuestra ira, insultar, gritar. Parece que nos hace personas honestas  con nosotros mismos y con los demás. Que hacemos un favor a nuestra salud y a la sociedad expresando cualquier pensamiento o sentimiento, aunque éste provenga de una mirada distorsionada de la realidad. Que dejando que fluya el torrente rabioso, evitamos una explosión nefasta. Seligman, en su libro “La auténtica felicidad” nos lo explica. “Otra teoría ampliamente arraigada – que ahora se ha convertido en dogma y que también aprisiona a las personas en un pasado amargo- es la de la hidráulica de la emoción,  que fue desarrollada por Freud y se introdujo, sin un cuestionamiento serio y exhaustivo, tanto en la cultura popular como en el mundo académico. De hecho, la hidráulica emocional es sinónimo de “psicodinámica”, término general utilizado para describir las teorías de Freud y de sus seguidores. Dentro de esa perspectiva, las emociones son consideradas fuerzas internas de un sistema cerrado por una membrana impermeable, como si se tratara de un globo. Si el individuo no se permite expresar una emoción, ésta acabará emergiendo en algún momento, generalmente como síntoma no deseado.” Pues bien, ahora sabemos que no nos hacemos ningún favor...

Beneficios emocionales del teatro

En junio impartiré clases de teatro en los institutos de mi zona. Bravo por la iniciativa.  Una idea fantástica que creo que debería implantarse como parte de los contenidos educativos. En institutos y colegios.  También en todas las empresas, ya que los empleados ganan personal y profesionalmente porque además mejora el ambiente laboral y cohesiona el grupo. Se habla mucho de desarrollo personal, de mindfulness, de autoestima. De cómo superar la timidez, de potenciar la creatividad. Y resulta que hay algo, que no es nuevo precisamente, que procura todos estos beneficios y muchos más. Y si se aporta un enfoque de trabajo emocional, estamos hablando de un entretenimiento completo que puede mejorar considerablemente diferentes ámbitos de nuestra vida.  Cuántas veces me han dicho alumnos:– En las clases me olvido del estrés. De los problemas de casa, del trabajo…No es de extrañar, ya que estamos haciendo una actividad divertida, que nos obliga a focalizar nuestra atención.  Desde hace más de veinte años imparto cursos de bienestar emocional. Hace unos cuantos me di cuenta de que, dando clases de teatro, podía incluir todos los contenidos que mejor funcionan, y además de una forma divertida.  Se rozan y traspasan límites personales, se trabaja la creatividad, la imaginación. Al encarnar distintas personalidades y realidades, se fomenta la empatía, la observación. Es indispensable el autoconocimiento; se mejora la seguridad y confianza. Agiliza la mente. Se trabajan las emociones, se observan y al hacerlo es posible distanciarse de ellas. Se fomenta el compromiso. Se cumplen objetivos. Mejora la comunicación, la expresión corporal, el lenguaje no verbal y la comunicación paraverbal.  Vivir es una constante improvisación, ¿no crees? Pues...

Pin It on Pinterest