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¿Grita?

Grita, es mejor que te desahogues. Es que tengo que insultar, si no, se me queda dentro la rabia y vete a saber por dónde sale luego. Todo lo que le pasa es porque se calla los enfados. Eso le ha provocado esta enfermedad, estoy seguro. ¿De dónde viene esa idea de que las emociones son fuerzas internas que permanecen en una especie de sistema estanco que puede estallar? Y que es positivo desfogar nuestra ira, insultar, gritar. Parece que nos hace personas honestas  con nosotros mismos y con los demás. Que hacemos un favor a nuestra salud y a la sociedad expresando cualquier pensamiento o sentimiento, aunque éste provenga de una mirada distorsionada de la realidad. Que dejando que fluya el torrente rabioso, evitamos una explosión nefasta. Seligman, en su libro “La auténtica felicidad” nos lo explica. “Otra teoría ampliamente arraigada – que ahora se ha convertido en dogma y que también aprisiona a las personas en un pasado amargo- es la de la hidráulica de la emoción,  que fue desarrollada por Freud y se introdujo, sin un cuestionamiento serio y exhaustivo, tanto en la cultura popular como en el mundo académico. De hecho, la hidráulica emocional es sinónimo de “psicodinámica”, término general utilizado para describir las teorías de Freud y de sus seguidores. Dentro de esa perspectiva, las emociones son consideradas fuerzas internas de un sistema cerrado por una membrana impermeable, como si se tratara de un globo. Si el individuo no se permite expresar una emoción, ésta acabará emergiendo en algún momento, generalmente como síntoma no deseado.” Pues bien, ahora sabemos que no nos hacemos ningún favor...

Beneficios emocionales del teatro

En junio impartiré clases de teatro en los institutos de mi zona. Bravo por la iniciativa.  Una idea fantástica que creo que debería implantarse como parte de los contenidos educativos. En institutos y colegios.  También en todas las empresas, ya que los empleados ganan personal y profesionalmente porque además mejora el ambiente laboral y cohesiona el grupo. Se habla mucho de desarrollo personal, de mindfulness, de autoestima. De cómo superar la timidez, de potenciar la creatividad. Y resulta que hay algo, que no es nuevo precisamente, que procura todos estos beneficios y muchos más. Y si se aporta un enfoque de trabajo emocional, estamos hablando de un entretenimiento completo que puede mejorar considerablemente diferentes ámbitos de nuestra vida.  Cuántas veces me han dicho alumnos:– En las clases me olvido del estrés. De los problemas de casa, del trabajo…No es de extrañar, ya que estamos haciendo una actividad divertida, que nos obliga a focalizar nuestra atención.  Desde hace más de veinte años imparto cursos de bienestar emocional. Hace unos cuantos me di cuenta de que, dando clases de teatro, podía incluir todos los contenidos que mejor funcionan, y además de una forma divertida.  Se rozan y traspasan límites personales, se trabaja la creatividad, la imaginación. Al encarnar distintas personalidades y realidades, se fomenta la empatía, la observación. Es indispensable el autoconocimiento; se mejora la seguridad y confianza. Agiliza la mente. Se trabajan las emociones, se observan y al hacerlo es posible distanciarse de ellas. Se fomenta el compromiso. Se cumplen objetivos. Mejora la comunicación, la expresión corporal, el lenguaje no verbal y la comunicación paraverbal.  Vivir es una constante improvisación, ¿no crees? Pues...

Tiburcio y Afrodisio están sentados sobre un peñasco contemplando el horizonte. Bueno, más que al horizonte, Tiburcio mira a Cáceres y Afrodisio a Badajoz. El primero vuelve la cabeza y observa de hito en hito al segundo. Los graníticos párpados de éste guardan pliegues de hastío. – Disi, hace tiempo que no dices nada divertido, inteligente, profundo o espiritual. Me gusta cuando hablas de esa forma porque tus palabras resuenan en mi interior. Este eco me indica que esa información ya estaba en mí, luego deduzco que previa e inadvertidamente, he tenido que hacer yo ese razonamiento. Este mágico silogismo me lleva a pensar y a sentir que tu inteligencia, profundidad, creatividad y espiritualidad son mías. Y mi existencia gris brilla y se transforma en una posibilidad insospechadamente apasionante y transcendente. – ¡Qué coñazo, Burci! ¿No ves que estoy dejando de impostar para por fin ser? – ¡Anda, no me había dado cuenta! Perdóname, Disi. Tiburcio vuelve a su habitual gesto aburrido. De pronto, una sonrisa golosinea en su rostro. -¡Oye, oye, oye! ¡Casi se me pasa! Esto que acabas de decir es profundo… – ¡No me jodas, Burci! Afrodisio se levanta y se...

Hoy, soy mortal y efímero.

            Hoy, soy mortal y efímero. Esa mortalidad me cura de obsesiones, de egocentrismos. Ser consciente de mi transitoriedad  me posiciona en el equilibrio. Desde este  lugar, puedo estar sin pretensiones, sin vacuas necesidades, sin obligaciones auto impuestas. Puedo estar, sin hacer. Sólo siendo. Ofreciendo lo que soy sin alardes ni alharacas. Aunque sea entre cuatro paredes, vendiendo cebollas o mirando con atención y cuidado al ser que pasa junto a mí.   Hoy, soy efímero. Celebro esta condición en lugar de olvidarla. Su olvido me invita a consumir, a estar de forma impostada, a la necesidad de convencer. Si me reconozco en este corto vuelo de insecto que es mi vida, acepto volcarme y entregarme en todo aquello que haga y a todo aquel al que me encuentre.   Hoy, soy mortal. El momento de partir llegará en el segundo que me corresponda. Ni antes ni después. Acepto con alegría el tránsito hacia ese momento y los posteriores. Hoy...

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