Qué hay de bueno

Lakshmi, diosa hindú de la abundancia
Lakshmi, diosa hindú de la abundancia


Más allá de la realidad tangible de no tener lo suficiente me parece interesante profundizar en aquello en lo que sintonizamos en épocas de escasez económica.
Siempre me viene a la mente una frase de la película “Charlie y la fábrica de chocolate” en la que, hablando del dinero del premio, el abuelo le dice a Charlie que cómo se va a preocupar por algo de lo que hay millones y millones repartido por todo el mundo, que se fabrica diariamente en todos los países y que está en circulación alrededor suyo. Algo así decía, que el dinero no es único ni especial y que no hay que preocuparse por él. Sólo hay que alargar la mano.

Estoy completamente de acuerdo, lo que ocurre es que a menudo se nos olvida algo tan sencillo como eso. Como también se nos olvidan cosas fáciles y de cajón como respetarnos a nosotros mismos no participando de situaciones que nos agredan o facilitando que otros lo hagan o de que la mejor manera de ser egoísta, de pensar en nosotros mismos, es pensar y actuar también para los demás. Algo de cajón.

¿Cómo se alarga la mano?

Cuando no tenemos empleo nos invade un sentimiento de culpabilidad. De no ser lo bastante bueno para que nos contraten. De no estar haciendo lo suficiente para salir de esa situación. Nos sentimos acomplejados ante los demás. Ellos son capaces y yo no. Me siento fracasado. No cumplo las expectativas que se pusieron en mí. He fallado a mis familiares. No soy capaz de ofrecerles una mínima estabilidad. Me siento inútil.

Sintonizamos con el miedo. Nos invade y paraliza la angustia. Nos trasladamos a un futuro. A un futuro angustioso.

Pero sabemos que somos capaces de afrontar más de lo que suponemos.
Desde un aparente estado de “normalidad”, creemos que no seremos capaces de afrontar nada que suponga un cambio drástico en nuestras vidas, cualquier desbarajuste en un ilusorio equilibrio nos parece incómodo, desapacible, ajeno a nosotros y queremos que desaparezca. Cuando la realidad es que en lo que llamamos equilibrio todo esto es normal. La incapacidad de un familiar que tiene que vivir con nosotros, la inestabilidad económica, una enfermedad, tener altibajos emocionales…

Esta mañana hablaba con un compañero actor de profesión. Me comentaba que le pasa una cosa muy absurda (a mí me ha pasado): cuando está representando una obra de teatro o participando en alguna serie de televisión, sus vecinos, conocidos y familiares le miran con admiración y tienen para con él una actitud casi reverente. Cuando le peguntan por el trabajo y él contesta que no tiene en esos momentos, la actitud se convierte en compasiva, paternal, se permiten darle consejos sobre su futuro (-¿Por qué no te dedicas a la decoración, con el buen gusto que tienes?-) y le miran con un claro deje de superioridad.
¿Qué ha pasado? Él sigue siendo la misma persona en una situación y en otra. Pero parece que lo que los demás perciben es una grieta en su aparente modelo de vida. Grieta en la que se les presenta la golosa posibilidad de ponerse por encima de alguien, de decirle cómo tiene que vivir su vida, de pensar que, a pesar de todo, ellos tienen más suerte, o han sabido elegir mejor.

¿Cómo se alarga la mano?


Mi hermana Natalia me contaba una parábola en la que un hombre que quería alcanzar la iluminación se acercaba a su maestro “disfrazado” de ser espiritual: larga túnica blanca, cuidada melena aparentemente despeinada, cómodas sandalias de buen cuero que aparentan sencillez…
El sujeto se acerca al maestro y le pide las claves para la iluminación. El maestro le pregunta cómo se gana la vida a lo que el “hombre espiritual” le contesta: -No necesito ganarme la vida, el Padre me mantiene-. El maestro replica: - ¿Y no crees que ya eres mayor para seguir viviendo del Padre y que va siendo hora de responsabilizarte de tu vida?

Alargar la mano seguramente es ponerse en otro sitio para desde ahí observarte.

Alargar la mano es aceptar que lo que hay hoy es lo que sembraste ayer y que sea lo que sea está bien. Que hay que aplicar valor (el miedo entonces se desvanece) energía, ilusión y paciencia para conseguirlo.

Alargar la mano para conseguir lo que necesitas (lo necesario es tranquilidad, madurez, sabiduría. Con todo lo que eso conlleva) seguramente es dedicar el tiempo y la energía necesaria para cada aspecto de nuestra vida. Sin perder de vista la verdadera finalidad.

La de cada uno.


Un Agosto de mi niñez
Algo quebró mi dormir, pero una vez que abrí los ojos no recordaba el motivo. No se oían ruidos ni nada que aparentemente pudiese perturbar mi sueño.

Me levanté de la cama y sin pensarlo me asomé a la ventana. Las contraventanas metálicas estaban echadas, así que tuve que contentarme con atisbar a través de sus rendijas. Todo estaba en calma. La pequeña piscina a la luz de la noche; los grillos con sus cantos monótonos; las sombras azules dejando paso a los recortes verdinegros de la vegetación.

Miré hacia arriba. El cielo estaba estrellado. Una de sus estrellas llamó mi atención por su brillo especial. En cuestión de segundos ese brillo aumentó. El astro se convertía a una velocidad vertiginosa en un haz de luz cada vez más potente. Pronto eclipsó a la luna.
Me sentí sobrecogida, sabiéndome testigo de un hecho maravilloso, mágico y trascendental.
La bola de luz ocupaba gran parte del cielo y pronto lo ocultó por completo. Antes de que pudiese darme cuenta esa luz increíble que me cegaba cayó en la piscina… Era una ballena traslúcida y brillante como una luciérnaga gigante. Como una diosa de la mitología. Era muy grande y quedó comprimida por completo tomando la forma rectangular de la piscina.
En lugar de salpicaduras de agua, haces de luz salían de los bordillos en todas direcciones.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, vi su ojo. Era negro y brillante y tendría un metro de diámetro. Era un ojo bellisimo y miraba hacia todos lados. Me miró. Sabía que estaba allí, observándola.
Me seguía sintiendo sobrecogida, pero también inmensamente protegida y llena de admiración.

Creo que fue un sueño porque no recuerdo como termina y porque a la mañana siguiente intenté mirar hacia arriba a través de las rendijas de la contraventana y me resultó casi imposible.
Pero esa experiencia de comprobación no fue más vívida que la de la noche anterior.


Control frente a Aceptación


YO ME CONTROLO
-Yo me controlo mucho. Tengo que hacer grandes esfuerzos pero no me queda más remedio sin quiero domesticar mi mal carácter.
Eso es lo que me decía un compañero cuando hablábamos sobre las manifestaciones emocionales. Yo percibía esa tensión por controlar. Bajo su apacible personalidad no podía ocultarse una olla a presión dispuesta a explotar en el momento más inesperado.

Pero ¿es realmente efectivo el control, la domesticación de esos comportamientos que juzgamos inadecuados o indeseados?
El control implica lucha, conflicto. Consiste en aplicar una fuerza para mantener a raya algo que consideramos inaceptable. Y al establecerse esa lucha otorgamos poder a aquello que queremos controlar. Porque esa emoción se va a rebelar contra la fuerza que intenta aplacarla. Al luchar contra una emoción, rasgo o tendencia, la intentamos separar de nosotros y la colocamos enfrente. Al hacer esto cobra vida como si de un personaje se tratase. Ya no es una parte, es un todo y de esta forma, inevitablemente, adquiere aún más poder.

Al aceptar integramos esa emoción, la reconocemos, la observamos. Con esto no magnificamos esa emoción, por el contrario, la hacemos una parte y por la tanto, el espacio que ocupa es pequeño, no puede invadirlo todo.
Por ejemplo: En una reunión de trabajo se hacen una serie de comentarios que yo interpreto están dirigidos contra mi persona. Esto me hace sentir inseguro. Controlo esa inseguridad para que no se me note. Esa inseguridad cobra fuerza por la presión que ejerzo sobre ella. Como parte del control me mantengo en silencio (si digo algo tengo miedo de no poder calibrar mis palabras) y a causa de ello me siento cobarde. Esa cobardía seguramente se transforma, bajo la tensión, en rabia. Rabia por ser objeto de (supuestas) descalificaciones, rabia por no ser capaz de expresarme. Rabia que seguramente proyectaré y descargaré en otros bien a través del enfado o de comentarios malintencionados sobre los demás:
- ¿Sabes lo que me ha pasado en el trabajo? ¡Qué se habrán creído! Pues fíjate que estábamos en una reunión importantísima…
Este tipo de comentarios son una forma de agresividad y contagian el mal humor y la inquietud con igual facilidad que si presenciamos una disputa.

Si en esa misma reunión, al empezar a sentir esa sensación de inseguridad en lugar de intentar aplacarla la acepto, si no ejerzo fuerza sobre ella, si en lugar de dar prioridad al pensamiento se lo doy a la emoción y, por unos segundos me centro en ella observándola de la forma más aséptica posible, con toda seguridad se diluirá.

Y nuestra mente no necesitará continuar. No hay más. Sentir, observar y aceptar. Porque lo que sentimos no es ni bueno ni malo. Es lo que sentimos. Sus razones tendrá nuestra mente. Algo del pasado, del presente o del futuro. Pero creo que eso no es importante.
EUFORIA

-¿No te alegras?
- Sí, me alegro
- Pues nadie lo diría. Parece que te da igual. Tendríamos que celebrarlo
- Me alegro. Me parece buena noticia. Creo que lo que tú esperas es que sienta euforia. La alegría es serena. La euforia es una subida desmedida, descontrolada. No quiero aferrarme a ningún sentimiento. Si es desagradable, pasará. Si es grato, también pasará. Podemos celebrar la vida. Celebrar este detalle sería darle una importancia que no tiene. Me siento agradecida. Observo lo que siento y es un deseo de involucrarme en esta emoción tan placentera. Y eso me arrastra a identificarme con este yo que cree ser. Pero no soy yo. Soy simplemente. Gracias, amigo, por estar a mi lado.
Espero para pagar en la cola de la caja entre un posiblemente carnicero y una posiblemente contable de una empresa de electrodomésticos.
La clase media.
Ausencia de consciencia.

Descubro que eso era para mí hasta ahora.
En realidad es un reto para el ser.

Escapar de la mediocridad, mejor dicho, fundirse en ella; desligarse de la cuentaahorrovivienda y lasubidadeleuribor; desvincularse de las vacaciones en Calpe; de pagar al dentista; desapegarse de notengoropaqueponerme para reencontrarse con uno mismo, con el misterio de la vida, con el maravilloso regalo de la creación, con la infinita paz encontrada en nuestro núcleo y la conexión de amor entre todo lo que es.

Quizá diga una tontería, pero creo que los grandes maestros han escogido vidas de riqueza o miseria. O la primera para terminar en la segunda.
No está en mi intención criticar tales actitudes ante la materia, ¡faltaría más! No obstante encuentro este punto medio de la riqueza en el que me encuentro un obstáculo molesto para el espíritu.

Es dificultoso meditar diariamente al menos una hora cuando tienes que trabajar para vivir (nunca invertir los términos); hacer la compra y preparar comida; llevar los niños al cole, hacer los deberes con ellos.
Los hijos te conducen con suavidad a lo terrenal. Te abren y llenan el corazón y te empujan a la intendencia.

En numerosas ocasiones en las que mi espíritu pugnaba por desasirse de las fachadas y ansiaba recluirme en una vida únicamente espiritual, mi hijo me traía de vuelta al mundano diario. Con una sonrisa tan bella y un amor tan puro que no he podido más que pensar que eso era lo que tenía que ser y por tanto lo mejor. Con total certeza.

Y así he pasado casi toda mi vida, de puntillas a punto de elevar el vuelo o aplastada contra la tierra, sintiendo una fuerza de gravedad que me tornaba muy pesada.
Pasando fines de semana en retiro en los que rápidamente conectaba con mi ser interior, con la belleza y el amor para después, sin solución de continuidad, mirarme en el espejo de los otros, tratando de obtener una visión proyectada de mí satisfactoria. Tratando de gustar, de ser aceptada, de resultar profunda cuando lo que estaba movilizando era la superficie.

La clase media. En medio. Balanceado. Con los pies en el suelo, el corazón mediando y la cabeza arriba.
Utilizar la materia sin apegarse a ella. Proyectar sin desear. Estar sin subir y bajar.

Es un regalo esta oportunidad. Mediocre. En el medio. Se puede poco a poco llegar a estar en equilibrio. En una sociedad que te empuja pero que lo único que puede hacer es presionar. Como un dedo en un bizcocho para saber si está tierno.
Aún queda un poco de horno, pero el color y el olor son deliciosos.

Creo que el próximo maestro espiritual será dependienta de El Corte Inglés.


Clase media
Enganchados a decir malas noticias

Cogió un taburete y se sentó junto a su madre, que estaba pelando judías verdes
- Mamá, ¿por qué disfruto contando desgracias?
Su madre le miró sin comprender. Julio continuó:
- Es algo que me pasa y quiero saber por qué. El otro día, cuando murió el padre de Isabel, fui a contárselo a todos. El año pasado, cuando la profesora de matemáticas tuvo cáncer, también me gustó hablar de ello y ayer, la hermana de Sofía tuvo un accidente muy horrible y mira, vine corriendo a casa y os lo conté.
Su madre, sin dejar de pelar, le miró distraída y azorada
– Bueno, Julio, eso no es algo raro. A todos nos pasa. Y no es que nos guste, es que los humanos sentimos interés por cosas desagradables. A eso se le llama morbo.
- ¿Morbo? – repitió Julio.
- Sí, hijo. Morbo. Es lo que hace que veamos esos programas de televisión en los que la gente se insulta, que nos paremos a mirar un accidente o lo que dices que te pasa a ti, que cuando sucede algo terrible tienes la sensación de disfrutar hablando de ello.
- Pues a mí no me gusta el morbo. Es que, mamá, creo que estoy enganchado. Anoche estuve pensando en ello. Pensé que a lo mejor tengo que hablar de ello para darme cuenta de que no es a mí al que le ha pasado y que estoy a salvo. O que me pasa porque soy un poco malo y hablando de algo que es malo también, no tengo que disimular haciéndome el bueno. Después me vino la idea de que igual pienso que la gente se merece lo que le pasa, pero eso era tan feo que no lo quise pensar mucho.

Ahora había dejado la verdura y miraba fijamente a su hijo. Sus ojos brillaban. Se quitó despacio el delantal, besó a Julio en la frente y dijo:

- ¿Sabes qué? Que yo también estoy enganchada a decir malas noticias y tampoco me gusta el morbo.

(¿MENSAJE DESDE EL INCONSCIENTE?)


SMS AUTOMÁTICO
No nos conviene a ninguno volver a pronunciar frases hechas, hablar de lugares comunes, participar en conversaciones mentirosas y faltas de sentido.
Hacer esto diluye lo que eres y lo que haces aquí.
Hace desaparecer mi grandeza.

Los humanos constreñimos esa grandeza en cuanto la sentimos.
La primera medida para no hacer daño a este gran ser es mantenerse al margen.
Apartándote de determinadas conductas te permites fluir de dentro hacia fuera.

La alegría más pura y elevada nace de lo más profundo de tu ser.
Tu mente primitiva no reconoce esta fuente y desprecia este júbilo.
Pero en el núcleo de esta mente hallamos a la otra mente, la volátil. Si abrimos la primera a la segunda vencerá La Alegría.
La mente volátil conoce la trampa. El mundo no es verso sino acidez. No reconocer esta cualidad mundana nos resulta altamente perjudicial.

Mi nombre real es la luz que me acompaña desde antes de nacer a este mundo que se evapora.
Esta luz se convierte en mi mejor talento.
Lenta y espaciadamente podemos conseguir que aquello que considerábamos una tara se convierta en nuestra mejor virtud.
Para conseguirlo no es necesario hacer alarde de nuestros movimientos.
Tampoco necesitamos conocer el mecanismo por el cual sucede esto.
Simplemente hay que saber que casi la mitad de tu tiempo lo vas a invertir en multiplicar tu majadería.
Y tu división se doblará.
Por ello, dirígete con ímpetu hacia la unidad.

Tu inteligencia más esencial se alimenta de lo fresco y luminoso.
Como un prado húmedo al sol.

La maravilla de tu ser está en todas direcciones.
Conseguir esta apertura es la verdadera finalidad.

Cádiz, 7 Agosto
SMS 2
Ahora es buen momento.
Lo que parece absurdo y difícil de expresar, tiene un significado: para protegerte de las inclemencias y aislarte, canta y baila. Construye tus cimientos, edifica tu ser, pero no olvides cubrirte con una protección lúdica. Cuando juegas realmente, sin esfuerzo, sin una aparente acción dirigida hacia fuera, estás tejiendo el tiempo ganado de El Gran Alma.

La fuerza vital creativa y fecunda tiene valor material, concreto pero mínimo. Su naturaleza es vibracional. Se expande en ondas que pueden recorrer cualquier distancia siempre que se sepa sintonizar con ellas.

Repugna la hipocresía cuando se lucha por algo que debiera ser natural. El pertenecer a una ideología o movimiento que abandera ideas sensatas y bondadosas no quiere decir que uno las esté llevando a cabo. Por el contrario, los ideales nos apartan de una vida plena. No se puede contener en un odre el mar. Los ideales son ideas soñadas. Ideas y sueños viven en la mente.
Como los rituales religiosos que quieren traer al mundo físico dones místicos. Lo virtual recrea lo material y nunca viceversa.

Galapagar 28 Agosto
Mi madre Celina
Mi madre Celina
Efectivamente, con el paso de los años descubro que en su momento creí saber lo que ahora desconozco. Creí saber lo que es bueno para unos; creí saber que sabía lo que hacía; que sabía lo que quería hacer; que era humilde; que sabía lo que es la vida; lo que es el perdón y el amor; lo que duele el dolor; lo que significa la muerte, la crueldad. Creí conocerme y ser sabia al no dudar de mis interpretaciones.
Pero con el paso de los años descubro no que no sepa nada, sino que casi nada de lo que creí entonces me parece ahora cierto.
Pero sé nadar.
Ahora sé que yo no soy el centro. Que no soy el río. No soy una piedra que se hunde. Tampoco un tronco que flote a la deriva.
Soy un ser que nada.
Hacia una catarata o una orilla. Que traga agua y siente que es el fin. Que se hace el muerto porque sus músculos, entumecidos, le avisan de está luchando demasiado para tan poca fuerza que supone un humano corriente arriba.
Sé nadar.
Sé que me rodean más seres a los que amo y asusto.
Sé que las aguas pueden ser oscuras y traicioneras, pero que, en algunos momentos que afortunadamente son cada vez más frecuentes, siento que soy parte de ella y que mis movimientos son perfectos. Que soy poderosa y ágil.
Ahora floto. Me sumerjo y buceo. Veo formas que se iluminan por un sol oblicuo que las baña de matices.
Soy un ser que nada. Nada me parece ahora más importante que este conocimiento.

Os informo de la publicación del texto transdisciplinar “KRISIS”, en el que, desde la Medicina, la Psiquiatría, la Psicología, la Filosofía, la Pedagogía, el Arte, etc. se ofrece un abanico sugestivo de análisis, posibilidades y alternativas al contexto actual.


M. Almendro (Coord.),
F. Mayor Zaragoza, J.M. Prieto, A. Calles, R. Blasco, V. Gawel, S. Harguindey, S. Grof, V.J. Wukmir, M.P. González. L. Caturla, A. De la Herrán, T. Álvaro, A. Mª Aluja Farré, E. Juan Linares, Mª J. Hermoso y J. C. Aguirre, I. Colón, W. Jäger, M. Toscano y G. Ancochea, V. Merlo, E. Gastelumendi Dargent, A. Díaz Rueda, S. Krippner, T. Pardo, A. Gangadean, y J. Pigem.

Ediciones La Llave.

Se presentará en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid) el próximo jueves, 14 de mayo, a las 12.30 h., en el salón de actos de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación.


SINOPSIS
Crisis, quizás sea la única palabra que no entra en crisis. Es más, cotiza al alza. Sus fantasmas: guerras, hambre, paro, terrorismo, inmigración, delincuencia, violencia, enfermedades, cambios climáticos desastres naturales provocados por el ser humano y hasta el silencioso -relativismo y universalismo ingenuos- enhebran los informativos diarios.

El mayor problema de la humanidad podría ser el que más se ignora: el oscurecimiento de la conciencia y la crisis de valores subyacentes. Valores como el amor, la espiritualidad, la trascendencia, la autorrealización, la felicidad, el “conócete a ti mismo”…son ignorados o penalizados por nuestra cultura.

¿Dónde están las raíces del fracaso? El derrape de nuestro tiempo, la crisis psicológica, social, ecológica…?

Aunque la mayor parte de la población se decanta por seguir el modelo oficial para ser feliz, cada vez hay más personas que buscan la salud natural y la mirada hacia si mismos; tratando de encontrar sentido a sus vidas, alejándose de la programación neuro-informativa que se ejerce sobre el hombre-masa.
Sobre ello habla este libro.

Da la impresión de que estamos acercándonos al gran cambio. Que se ha agotado la vía patriarcal, materialista, mecánica y consumista.

Cada vez se levantan mas voces cuestionando la obsolescencia de nuestra cultura y la imperiosa necesidad de abrir los ojos a otros horizontes para encontrar nuevos paradigmas que favorezcan un cambio beneficioso para la humanidad.

Este libro presenta un abanico sugestivo e innovador de la crisis a través de curtidos profesionales de la medicina, psiquiatría, psicología, educación, arte… que desde sus campos y experiencias personales nos ofrecen posibilidades y alternativas para afrontarla.